Nadie planea una emergencia cuando viaja, pero pasan. Imagina que te resfrías a mitad del viaje o necesitas medicinas en un pueblo perdido. ¿Qué haces? Aquí va lo esencial para que las emergencias no te pillen ni de sorpresa ni perdido.
Lo primero: lleva siempre tus medicamentos básicos contigo. No los pongas en la maleta que facturas porque si se pierde, te quedas sin ellos. Además, ten a mano una lista con alergias y enfermedades para mostrar en cualquier farmacia o centro médico. Si tomas medicación regular, pide a tu médico un informe breve en español y, si sales al extranjero, alguna copia en inglés. Puede salvarte de malentendidos innecesarios.
¿Y si tienes una urgencia y no hablas el idioma? Muchas farmacias europeas y latinoamericanas entienden lo básico en inglés o español. Si no, enseña tu receta médica o usa aplicaciones de traducción. Tu móvil puede convertirse en tu mejor aliado para explicar síntomas o pedir ayuda. No subestimes tampoco el valor de una foto de tus pastillas o la caja. Facilita mucho el diálogo.
¿Seguro de viaje? Infalible. Un buen seguro te cubre desde una apendicitis hasta perder el vuelo por enfermedad. Sin seguro, podrías enfrentar gastos muy altos. Revisa siempre las condiciones: algunos te reintegran después, otros pagan directamente. Lleva el teléfono de emergencia a la mano y el número de la póliza apuntado en varios sitios, incluido el móvil y un papel, por si se te agota la batería.
Uno de los errores más comunes es pensar “ya lo compraré allí”. No todas las ciudades tienen farmacias abiertas 24h ni todos los países los mismos medicamentos. Lleva lo esencial: analgésicos, paracetamol, tiritas, antidiarreico, y algo antihistamínico. Y si viajas con niños, el kit debe incluir su termómetro y medicinas infantiles. No olvides el protector solar, ni repelente si vas a zonas rurales o tropicales.
Si tienes que ir a un hospital, usa el GPS para buscar el más cercano. Google Maps suele mostrar reseñas y datos útiles, incluidos teléfonos de contacto. En ciudades grandes, los hospitales suelen tener atención en varios idiomas. Si necesitas llamar a la embajada, la mayoría responde rápido ante emergencias de turistas. Tienes derecho a asistencia aunque estés de paso.
No te la juegues con alimentos o agua si dudas de su seguridad. Una intoxicación puede arruinarte el viaje. Pregunta siempre en tu alojamiento si el agua del grifo es potable y, si tienes dudas, mejor usa embotellada hasta para cepillarte los dientes.
Viajar con seguridad es organizarse bien antes de salir. Con un kit básico, los teléfonos claves anotados y el seguro al día, enfrentarás cualquier emergencia sin dramas. Y recuerda: en situaciones complicadas, pedir ayuda nunca está de más—siempre habrá alguien dispuesto a echarte una mano.
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