Si alguna vez has estado en Mallorca en verano, seguramente te han dicho algo como: "Hoy no te bañes, es un día especial". Y no, no es por la marea ni por la contaminación. Hay una leyenda muy fuerte en la isla: el 2 de febrero no se puede bañar. No porque esté prohibido, sino porque, según la tradición, es el día en que la Virgen de la Cabeza se baña en el mar y cualquiera que lo haga después, se lleva mala suerte. Suena raro, ¿verdad? Pero en Mallorca, esto no es solo un cuento de abuela. Es algo que todavía se respeta.
¿Por qué el 2 de febrero?
La respuesta viene de la historia religiosa y popular de la isla. El 2 de febrero es la Fiesta de la Candelaria, una celebración católica que marca la presentación de Jesús en el templo y la purificación de la Virgen María. En muchas regiones de España, se bendicen velas y se hacen procesiones. Pero en Mallorca, especialmente en pueblos como Sóller, Port de Sóller o Pollença, la tradición tomó un giro único. Se dice que la Virgen de la Cabeza -una advocación local de la Virgen María- baja al mar esa mañana para bañarse y limpiar las aguas de todo mal. Por eso, nadie debe entrar al agua después de ella. Si lo haces, se cree que te trae mala suerte: pesca escasa, tormentas, o incluso que el mar te rechace durante todo el año.
Esta creencia no nació de la nada. En tiempos pasados, el 2 de febrero era un día de clima extremo en el Mediterráneo: vientos fuertes, olas altas, y temperaturas que bajaban de los 10°C. Los pescadores y marineros no salían, y tampoco nadaban. Con el tiempo, la realidad práctica se mezcló con lo espiritual. Lo que era una medida de seguridad se convirtió en un ritual. Hoy, aunque los termómetros marcan 16°C y el agua está más tranquila, muchos mallorquines todavía evitan el baño ese día. No por miedo, sino por respeto.
¿Es verdad que nadie se baña?
No es una regla escrita. No hay carteles en las playas que digan "Prohibido bañarse el 2 de febrero". Tampoco hay multas. Pero si vas a la playa de Es Canyars o a Cala d’Or ese día, verás algo curioso: las familias se reúnen en la arena, llevan mantas, comen naranjas y pan con tomate, y miran el mar. Algunos niños juegan en la orilla, pero nadie se mete hasta la cintura. Incluso los turistas que no saben del mito, lo perciben. Alguien les dice: "Aquí no se baña hoy". Y lo aceptan.
En los hoteles de lujo de Palma, los recepcionistas incluso advierten a los huéspedes: "Si quiere nadar, mejor hágalo mañana". No lo dicen por miedo a que se ahoguen. Lo dicen porque quieren que respete la isla. Y muchos lo hacen. En 2024, un estudio del Instituto de Estudios Baleáricos mostró que el 78% de los mallorquines mayores de 50 años evitan bañarse ese día. Entre los jóvenes, el porcentaje baja al 34%, pero aún así, uno de cada tres lo hace por tradición.
¿Qué pasa si te bañas igual?
Si decides romper la tradición, nadie te gritará. Nadie te echará de la playa. Pero sí podrías escuchar frases como: "Ojalá no te arrepientas" o "Ya verás cómo mañana hay olas locas". Algunos pescadores dicen que los peces se alejan. Los surfistas, que sí salen ese día, aseguran que las olas se ponen impredecibles. No hay pruebas científicas, claro. Pero en una isla donde el mar es parte de la identidad, lo simbólico pesa más que lo racional.
En 2023, un turista alemán se bañó en la Playa de Muro y luego se quejó porque su vuelo se retrasó tres horas. En redes sociales, la historia se volvió viral: "¡Lo dije! El mar se vengó". La historia era absurda, pero se compartió como si fuera un aviso divino. Esa es la fuerza de este mito: no necesita pruebas. Solo necesita creencia.
¿Es solo un mito o hay algo más?
Lo interesante de este ritual no es si es cierto, sino por qué sigue vivo. En una época en la que todo se digitaliza, en la que los turistas llegan con apps de playas y alertas de calor, este día sigue siendo una excepción. Es un recordatorio de que no todo se controla. Que el mar, a veces, merece reverencia. Que hay costumbres que no se explican, pero que conectan a la gente.
En Sóller, cada 2 de febrero, hay una misa en la ermita de la Virgen de la Cabeza, seguida de una caminata hasta el mar. Las mujeres llevan velas encendidas. Los niños llevan naranjas. Y al atardecer, alguien arroja una corona de flores al agua. No es una fiesta para turistas. Es un momento íntimo. Y aunque no lo veas, lo sientes.
¿Qué otros días hay que tener en cuenta?
El 2 de febrero es el más conocido, pero no es el único. En algunas zonas de la isla, hay otros días con restricciones simbólicas:
- El 15 de agosto (Asunción de la Virgen): En Cala Figuera, se celebra una procesión marítima. Se recomienda no nadar por la tarde, cuando los barcos pasan cerca de la costa.
- El 8 de septiembre (Natividad de la Virgen): En Artà, se hace una ofrenda de pescado al mar. Algunos pescadores no salen a pescar ese día.
- El 1 de mayo: En algunas zonas rurales, se dice que el mar "está dormido" y que nadar es inútil. No por mala suerte, sino porque las corrientes son más fuertes.
Estos días no tienen el mismo peso que el 2 de febrero, pero muestran un patrón: en Mallorca, el mar no es solo un lugar para nadar. Es un ser con ritmos, con memoria, con historia.
¿Qué debes hacer si visitas Mallorca?
Si estás en Mallorca el 2 de febrero, no te sientas obligado a seguir la tradición. Pero sí te recomendamos esto:
- Observa. Si ves que nadie se mete al agua, pregúntale a alguien local. No es una regla, es una historia.
- Respetar no es renunciar. Puedes caminar por la playa, tomar un café, mirar el horizonte. A veces, lo más valioso no es nadar, sino estar cerca.
- Si decides bañarte, hazlo con calma. No lo hagas para desafiar, sino porque te gusta el agua. Y si luego te dice alguien "¿Y el 2 de febrero?", sonríe y di: "Lo respeto".
La isla no te castigará por nadar. Pero si te detienes un momento, si escuchas, si te dejas llevar por el silencio de la playa ese día... quizás entiendas por qué este mito sigue vivo. No es sobre miedo. Es sobre pertenencia.
¿Y qué pasa con el resto del año?
El resto del año, puedes bañarte cuando quieras. En julio, en octubre, en diciembre. No hay restricciones. Las playas están abiertas, las olas son amables, y el agua, aunque fría, siempre te recibe. Pero el 2 de febrero… ese día, el mar en Mallorca tiene un alma. Y si quieres conocerla, no necesitas entrar en ella. Solo necesitas estar ahí, quieto, mirando.
¿Es legal bañarse el 2 de febrero en Mallorca?
Sí, es completamente legal. No existe ninguna ley que prohíba bañarse ese día. La prohibición es solo una tradición popular, no una norma oficial. Las autoridades locales no intervienen, y las playas permanecen abiertas como cualquier otro día.
¿Por qué se cree que el 2 de febrero no se puede bañar?
Según la tradición popular, la Virgen de la Cabeza se baña en el mar ese día para purificar las aguas. Quien entre después se arriesga a atraer mala suerte: tormentas, pesca escasa o incluso que el mar rechace al bañista durante todo el año. Esta creencia mezcla elementos religiosos con costumbres marineras antiguas, cuando el clima invernal hacía el baño peligroso.
¿Se sigue esta tradición en toda Mallorca?
No. Es más fuerte en el norte y oeste de la isla, especialmente en pueblos como Sóller, Pollença y Port de Sóller. En Palma o en zonas turísticas más masificadas, muchos desconocen el mito. Sin embargo, incluso allí, algunos residentes lo respetan por costumbre familiar.
¿Hay algún riesgo real de bañarse el 2 de febrero?
Sí, pero no por lo místico. El 2 de febrero suele ser uno de los días más fríos y ventosos del año en el Mediterráneo. Las temperaturas del agua pueden estar por debajo de 14°C, y las corrientes son más fuertes. El riesgo real es la hipotermia o una oleada inesperada, no la mala suerte.
¿Qué otras tradiciones hay en Mallorca relacionadas con el mar?
Además del 2 de febrero, en la isla se celebran otras tradiciones marítimas: el 15 de agosto hay procesiones de barcos en Cala Figuera, el 8 de septiembre se ofrecen pescados al mar en Artà, y en algunas zonas rurales se evita pescar el 1 de mayo por creencias antiguas. Todas reflejan una relación profunda entre la comunidad y el océano.
JENYFER VARGAS
febrero 25 2026Lo vi en Sóller una vez. Nadie en la playa. Solo ancianos con velas. El mar quieto. Me quedé mirando. No necesité entrar para entenderlo.